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Ampliación del CEIP Mare de Déu de Gràcia de Biar

PREMIO

LOURDES GARCÍA SOGO
Localización: Avenida de Alcoy, 20-22 · 03410 Biar, Alicante
Promotor: Ayuntamiento de Biar
Constructora: Orthem Servicios y Actuaciones S.A.U.
Fotografía: Milena Villalba


El Colegio público Mare de Déu de Gràcia se encuentra en Biar, un pueblo de unos 4.000 habitantes situado en la parte más oriental de la Sierra Mariola. Su centro urbano, de trazado medieval, está coronado por un castillo constru­ido en el siglo XIII desde el que se puede ver, por una parte, las tierras secas y diligentemente cultivadas y por otra, las montañas que se extienden hasta las lisas playas del mar mediterráneo. 

Estas tierras cultivadas están jalonadas por caserones de los que dependen, casas sobrias de bastante tamaño, perfectamente ancladas a la tierra a la que pertenecen. A pocos metros del cuidado centro histórico de Biar y as­cendiendo ya sobre la montaña, aparecen una serie de edificaciones industri­ales y un colegio público que incluye dos edificios realizados entre los años setenta y ochenta. 

Los edificios no tienen valor, pero se sitúan sobre esta montaña abancalada en plataformas delimitadas por líneas de grandes cipreses que conforman un bonito espacio exterior 

El proyecto consistía en completar las carencias del colegio. Añadir un aulario para los niños más pequeños, un gimnasio para los más mayores, conseguir que todos los espacios exteriores e interiores fueran accesibles y mejorar la eficiencia energética de los edificios existentes. 

Además de cumplir con estos objetivos, quisimos aprovechar la intervención para dotar al colegio de una identidad que no tenía, por estar conformado por construcciones que, o bien provienen de proyectos enviados desde un min­isterio sin tener en cuenta el lugar, o de proyectos que se identifican con una época, pero no con un lugar. 

Queríamos que el colegio se anclara a la tierra, como los caserones que po­seen las tierras cultivadas. Dar la oportunidad a Biar de crecer con la misma calidad con la que preserva su centro y sus campos. 

El jardín, con sus bancales y sus grandes cipreses siempre soleados, pro­duce una particular tranquilidad y solo necesitaba pequeñas intervenciones que borraran los elementos impropios construidos con el paso del tiempo. Convertimos así el jardín en el centro de tres edificaciones aisladas que se conectan en tan solo dos niveles, solucionando tanto el funcionamiento del centro como la accesibilidad. 

Para situar los edificios en planta partimos de la geometría del jardín, cerrán­dolo en dirección paralela a los cipreses con el aulario infantil, y situando el gimnasio como continuación del edifico existente. 

En sección partimos de los niveles del viejo edificio de forma que el aular­io infantil se sitúa en la cota de su planta primera y el gimnasio en la de su planta baja, anteriormente tergiversada por el cierre de un porche que hemos vuelto a abrir. Con tan solo una escalera y un ascensor, construidos en el antiguo edificio y con acceso desde el porche, solucionamos los necesarios recorridos desde los aularios al comedor y al gimnasio. 

Los nuevos edificios están construidos con muros y losas de hormigón visto, encofrado con tablilla de madera, que rigidizan y cierran una ligera estructu­ra metálica confinada por superficies acristaladas y muros de termoarcilla enfoscados con los colores de la tierra, como los caserones. 

Los muros, la estructura, los enfoscados y las superficies acristaladas se muestran idénticos en el exterior y en el interior del edificio, lo que contribuye a que el jardín se perciba de forma constante. 

La misma continuidad se produce en los pavimentos, de hormigón pulido en el interior y lavado en el exterior. Las escaleras exteriores del viejo colegio estaban recubiertas de piedra de San Vicente, una piedra gris de carácter local, material que hemos usado para todas las nuevas escaleras exteriores e interiores y para los pavimentos de aseos y vestuarios. 

Los pavimentos flexibles, obligados para las aulas infantiles y el gimnasio los hemos resuelto con linóleo, compuesto por aceite de linaza, resina de pino y polvo de corcho, en su versión original, con pigmentos naturales. 

Tanto en la nueva como en la vieja edificación, se han realizado operaciones que contribuyen a que el jardín se convierta en el centro. La altura y la inclin­ación de las losas que cubren las aulas de infantil, en sentido ascendente ha­cia el exterior, permite una doble iluminación y ventilación en las aulas y las superficies acristaladas una amplia visión de la verticalidad de los cipreses. 

El gimnasio, intencionadamente ubicado en la misma plataforma de la planta baja del edifico existente, tiene su acceso en la fachada perpendicular al jar­dín, pero la inclinación de sus cubiertas se desliza en rampas que conducen hasta la pista deportiva. De esta forma, el edificio se constituye en un balcón que vierte al jardín y desde el que se podrán ver los juegos de esta pista situ­ada en su plataforma más baja. 

El colegio se construye dentro de un programa promovido y financiado por la administración autonómica, la Conselleria de Educación, y gestionado por el Ayuntamiento de Biar. El presupuesto asignado proviene de unos módulos que fija la Conselleria, iguales para todos los colegios. Los sistemas con­structivos y los materiales se han elegido también con la finalidad de poder dotar de mayor calidad al colegio, eliminando partidas que no son necesarias para poder realizar las necesarias con mayor cuidado.

Texto de la autora

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