Italia y Catalunya: relaciones e influencias en la
arquitectura. 1945 - 68. (Tesis doctoral)
PREMIO
J. Torres Cueco
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La
influencia de la cultura italiana sobre la producción arquitectónica en
Catalunya aparece como un repetido lugar común, sin ninguna constatación
efectiva de este fenómeno. Este fue el objeto de esta tesis: analizar
reencuentros y analogías entre los procesos arquitectónicos de estos dos
países. Este trabajo se enmarcaría dentro de la tradición italiana de
la crítica del arte de nuestro siglo, donde historia y juicio artístico
están indisolublemente unidos, desde Lionello Venturi, pasando por Giulio
Carlo Argan y Bruno Zevi, hasta Manfredo Tafuri. Tradición que también
surge en Catalunya, donde Alexandre Cirici, Oriol Bohigas o Josep María
Sostres serían sus epígonos. En
principio, es evidente que la cultura occidental es un sustrato común a
ambos. Pero además, su cultura arquitectónica reciente mantiene muchos
puntos de contacto: desde la Renaixença paralela al Risorgimento
Italiano, hasta muchos aspectos de la historia concreta de la arquitectura
moderna: como su tardía incorporación a la vanguardia europea, la eclosión
de las plataformas estéticas del Noucentisme y el Novecento, y
finalmente, una recuperación de la modernidad bajo la insignia del
posrracionalismo. Un
primer aspecto sería la reanudación del debate arquitectónico tras el
desastre bélico. En Italia hay una idea de “continuità” con la obra
de los maestros de la arquitectura moderna italiana, con Pagano, Terragni
y Persico, punto de partida para el “superamento del razionalismo”. En
Catalunya no hay una explicitación clara de esta recuperación de la
arquitectura moderna: los primeros escritos de Gabriel Alomar, Joan
Francesc Ràfols, Miguel Fisac, o Francesc Mitjans, así lo atestiguan.
Sin embargo, sí que se puede constatar la atención hacia la arquitectura
italiana, fruto de afinidades culturales y políticas entre los dos regímenes.
Atención que también se dirige a publicaciones como las revistas como
Domus, L’Architettura; Cronache e storia, o más tardíamente, Casabella-continuità,
o los primeros libros de Zevi, Verso un’architettura organica, Storia
dell’architettura moderna y Saper veder l’architettura que influyen
poderosamente en Josep María Sostres, Antonio de Moragas y Oriol Bohigas.
Moragas calificará el primer libro de Zevi como “el credo” “la
doctrina” “el camí que em va obrir els ulls en aquesta nova etapa” Precisamente
a través de Bruno Zevi se produce la difusión de la arquitectura orgánica
como “racionalismo humanizado”, y de la obra de F. Ll. Wright y Alvar
Aalto como prototipos a seguir. Como dirá Oriol Bohigas: “fou Zevi qui
ens feu entendre que la nostra generació ja no era la del GATCPAC i que
la modernitat passava ara per una reinterpretació critica del
racionalisme peoner”. De hecho, los miembros del Grupo R reconocen “la
influencia de la arquitectura de los países escandinavos y de la de
Italia. Esta, por afinidad racial, de temperamento y condiciones geográficas,
así como por la proximidad y por razones de tipo económico similares”.
(Sostres, 1952). Se
podría considerar que la arquitectura orgánica aparece en nuestro país
en tres vertientes: en primer lugar, bajo la referencia del “New
Empirism” y la obra de Alvar Aalto, como un racionalismo expresado con
materiales dúctiles y cálidos, atento al hombre, a su tradición y a sus
necesidades “espirituales y psicológicas” y que responde mejor a las
condiciones tecnológicas y sociales del país. Las primeras obras de
Josep María Sostres, como la Casa Elías en Bellver de Cerdanya, o la
Casa Cusí en la Seo d’Urgell; la Tienda Canadá de Joaquim Gili; o el
Cine Fémina de A. de Moragas, muestran su directa conexión con el
empirismo escandinavo. En segundo lugar bajo la presencia de F. LL. Wright,
en la idea de la continuidad espacial interior-exterior; y, sobre todo, en
el uso de geometrías no ortogonales. Ejemplos tendríamos en el edificio
de viviendas en la Barceloneta de José Antonio Coderch; o el Hotel
Puigcerdá de Josep María Sostres. Finalmente, la tercera vertiente se
puede definir como “organicismo italiano”, que tendría mucho que ver
con las decoraciones brillantes, las formas blandas y ameboides, los
colores chillones o las luces filamentosas popularizadas por las trienales
milanesas. Esta
revisión de la modernidad tiene su punto crítico en la arquitectura
neorrealista. Al igual que la literatura, las artes plásticas o la
cinematografía, se plantea como una forma de conocimiento y expresión de
las realidades más humildes después de los años del “formalismo
fascista”. Así, un primer aspecto de este neorrealismo es la necesidad
de contacto con los hombres en una fusión de la cultura popular e
intelectual en una sola tradición. Así, la arquitectura realista está
siempre referida a la tradición, sea a través de las formas populares de
la edificación espontánea; sea la arquitectura burguesa que se repropone
como forma de re-construcción de la ciudad según una metodología
“caso per caso”. Frente
al racionalismo abstracto y programático, la arquitectura neorrealista
propone la espontaneidad; frente a la teoría, la praxis; frente a la idea
de un futuro liberador, atención por la tradición y la historia como
fundamentos de lo real; frente a la tecnología, la manualidad y la
artesanalidad; frente a los problemas macroestructurales, el gusto por el
detalle concreto enraizado en la tradición. En este sentido, además de
las normas de la Gestión INA-Casa, el Manuale dell’architetto, texto de
Mario Ridolfi fundado en el detalle recogido de las diferentes tradiciones
históricas y populares, se convierte en una propuesta de trabajo
suficientemente concreta para una arquitectura que sea inteligible para el
discurso colectivo, fundamento último del neorrealismo. En
la arquitectura catalana de “actitud realista” es donde las relaciones
con la cultura italiana son más claramente identificables. Sus fuentes en
Catalunya se pueden localizar en tres fenómenos diversos: el realismo
cinematográfico, artístico y literario; en segundo lugar, la
arquitectura romana; y en tercer lugar, la labor teórica de E.N. Rogers
en la revista Casabella-continuità, donde además de las obras romanas se
difunden las realizaciones de los maestros milaneses: Albini, Gardella,
Magistretti o los BBPR. El “realismo histórico” defendido por Josep
María Castellet aporta el corpus teórico de la crítica literaria para
su aplicación al campo de la arquitectura. Sus raíces se encuentran en
la obra de Sartre y Wilson; en el neomarxismo de Goldmann, Lukács o
Gramsci; y en el neorrealismo cinematográfico y literario, C. Pavese, E.
Vittorini, V. Pratolini, R. Rossellini, V. De Sica y L. Visconti,
principalmente. En los textos de Castellet como su antología Veinte años
de poesía española (1939-1959) y La poesía catalana del segle XX se
sistematizan, cuales son las características definidoras de una
literatura de “actitud realista”, que son perfectamente transportables
al campo de la arquitectura. A través de la revista Serra d’Or se puede
ver las cada vez más íntimas conexiones entre las tesis del realismo
literario con los escritos que su principal defensor, Oriol Bohigas,
prepara progresivamente con mayor rigor e intención polémica. Así, tras
textos como “Elogi de la barraca”, “Elogi del totxo” o
“L’arquitectura entre l’indústria i l’artesania”, publica su
manifiesto “Cap a una arquitectura realista” (junio,1962), donde
Bohigas recoge las características de la “actitud realista” acuñadas
por J. M. Castellet. En
segundo lugar, hay que destacar de nuevo la repercusión que a finales de
los cincuenta tiene la arquitectura italiana. El ejemplo del editorial “¿Crisis
o continuidad?” publicado en 1958 en Cuadernos de Arquitectura, respecto
al escrito un año antes por E.N. Rogers “¿Continuità o crisi?” en
Casabella-continuità, es muy significativo. Ambos tratan de la compleja situación de la arquitectura mundial,
entre la revisión o la continuidad de la ortodoxia moderna. Es
interesante constatar el profundo cambio de opinión que experimenta Oriol
Bohigas entre 1958 y 1961. Si en su artículo “Piezas maestras de la
Arquitectura actual” (1958) critica la invocación de “no sé qué estúpidas
precedencias históricas, y, naturalmente, sale un monstruo como la Torre
Velasca de Rogers”; en 1960 comienza a señalar la arquitectura italiana
como posible orientación a seguir; y en 1961, con el citado artículo
“Rogers i Casabella, un nou cami de l’arquitectura”, este cambio se
ha consumado, y la Torre Velasca es considerada como “la millor obra de
l’arquitectura moderna”. Las
razones de este cambio pueden interpretarse desde diferentes puntos de
vista. En primer lugar, la aparición de una vanguardia realista en todos
los campos de la cultura: la pintura de Estampa Popular y del Equipo Crónica;
la cinematografía de J.A. Bardem y L. G. Berlanga; y especialmente la
literatura con el “realismo social” madrileño y el “realismo histórico”
de J. M. Castellet. Esta vanguardia, comprometida políticamente y no
exenta de militancia nacionalista en Catalunya, coincide con el cambio de
Oriol Bohigas desde un cristianismo progresista a una mayor radicalidad
política. Esta vanguardia realista ha tenido en Italia unos resultados
notables en la posguerra, y a ello se suma una argumentación teórica en
Casabella supuestamente más que cualquier otra revista europea. En
principio, las referencias se establecen principalmente con el
neorrealismo romano, en concreto se podría mencionar el Borgo La Martella
de L. Quaroni y F. Gorio; el Quartiere San Basilio en Roma de M.
Fiorentino; el Quartiere Orizzontale Tuscolano 3 de Adalberto Libera; la
obra de Mario Ridolfi como el Quartiere Italia en Terni; y sobre todo, el
Quartiere Tiburtino, donde colaboran Ridolfi, Aymonino, Quaroni, etc. Son
unos primeros referentes iconográficos de un mundo masivo, periférico,
suburbano y artesanal, que reflejan perfectamente el cine y la literatura
neorrealista italiana. En
este sentido, la obra de Antonio de Moragas es ejemplar. Su Cruz de Término
en Argentona (1952) confirma la conexión con este universo neorrealista
cinematográfico en la expresión de un mundo arcaico, rural y mítico.
Sus “empiristas” viviendas en la calle Gomis en el uso del ladrillo
crudo, la teja, la cerrajería artesanal, o la referencia al arquetipo de
la cabaña primitiva; y su Parroquia de Sant Jaume en Badalona (1957)
pertenecen también a este neorrealismo romano en la evocación de lo
vulgar, lo trivial y lo inteligible para el público popular. Las
primeras realizaciones de Josep Martorell y Oriol Bohigas -Las Casa Ripoll
y Oller o las viviendas del Paseo Maragall-muestran una voluntad realista
en el uso rudo y expresivo de materiales y tecnologías artesanales. La
Manzana Pallars (1958-59) es su obra paradigmática de este primer
“neorrealismo romano”. La cubierta de teja, el uso del totxo en crudo,
las bajantes vistas, la masicidad y los paramentos mixtilíneos, la
evocación de formas populares, el gusto por el detalle, la manualidad y
la artesanalidad, concuerda con las propuestas de Mario Ridolfi o Ludovico
Quaroni. El edificio de Construcciones Nervión S.A. en la Avenida
Diagonal, manifiesta la apertura de sus autores hacia el Norte de Italia.
Por una lado, la tecnología y materiales todavía pertenecen al
neorrealismo romano; por otro lado, la composición del edificio concuerda
con las propuestas de E. N. Rogers referentes a las preexistencias y la
tradición. La
figura de José Antonio Coderch es primordial en el desarrollo de las
relaciones con la arquitectura italiana, por su amistad con Ponti,
Sartoris, Gardella, Albini, Giancarlo De Carlo y E.N. Rogers. En su obra
es posible rastrear la influencia italiana, especialmente de Gardella.
Coderch es un personaje característico de la cultura arquitectónica posbélica
y, por tanto, presenta rasgos comunes a los arquitectos de su generación.
El caso más paradigmático es la relación existente entre las viviendas
de la Barceloneta (1951-54) y las de la Borsalino de I. Gardella (1950-52)
por la coincidencia de presupuestos y actitudes manifestadas en sus muros
mixtilíneos, el uso de la cerámica en fachada, la losa horizontal de
remate de la cubierta frente a la verticalidad de las aperturas en sus
macizos muros, la utilización de persianas de lamas horizontales, y la hábil
resolución en planta a partir de geometrías angulares y no ortogonales. En
la obra de Federico Correa y Alfons Milá, las deudas con Italia son
evidentes. Su proyecto de oficinas entre la vía Layetana y calle Córcega
-que recoge los postulados sobre preexistencias ambientales-, o sus dos
viviendas unifamiliares en Esplugas donde se reflejan perfectamente las
enseñanzas de Coderch y Gardella, especialmente del edificio de la
Borsalino en Alessandria. De éste se extraen los huecos de suelo a techo,
el diseño literal de la carpintería de hojas desiguales abatibles, o el
uso de persianas venecianas correderas. Sus relaciones personales con
Ponti, Gardella, Albini, Rogers, Gregotti, inciden en esta red de
contactos que se establecen entre Italia y Catalunya. Por
último, el fenómeno de la revisión de la historia es común en la
arquitectura de la posguerra europea; pero es en Italia donde adquiere
mayor conciencia y beligerancia, con él se fractura la continuidad de la
modernidad. Las dos revistas Casabella y L’Architettura inciden en el
proceso de recuperación historiográfica de los pioneros del Movimiento
Moderno y de los movimientos heterodoxos al racionalismo. La labor de
Alexandre Cirici, Josep María Sostres y Oriol Bohigas tiene su punto de
partida en la tradición histórico-crítica italiana; pero en Catalunya
adquiere un valor militante e ideológico como reivindicación de la
identidad nacional. En cierta medida, se superpone e identifica el
Neoliberty con la arquitectura realista. Oriol Bohigas utiliza sus
interpretaciones historiográficas como forma de autolegitimización y las
afinidades formales con los proyectos más revisionistas de Rogers, Albini,
Gardella o Magistretti le conducen a una reivindicación del Modernismo,
también como reclamo a una época en que cultura y nacionalismo catalán
coinciden con un movimiento artístico de fuerte implantación en
Catalunya y de relevancia mundial. Federico
Correa y Alfons Milá reciben con gran convicción esta revisión histórica.
Su ampliación de la Fábrica Godó i Trias y el edificio ESADE
constituyen sus obras más explícitamente revisionistas. La torre
Atalaya, con sus referentes formales en la Torre Velasca o en el uso de
los paneles prefabricados moldurados, y el edificio Monitor, su obra más
explícitamente gardelliana, tanto por el tipo de fenestración o por la
loggia superior de remate, conforman sus obras más decisivamente
“italianizantes”. De
la misma forma, el equipo Martorell-Bohigas-Mackay también recoge
elementos de la arquitectura italiana. Desde la “poética del
tapajuntas” y del panel prefabricado en el edificio de vía Augusta-Muntaner,
al edificio La Vanguardia, donde la atención a las preexistencias se
aborda a partir de los paneles propios de la Torre Velasca o las viviendas
IVF en Novara del equipo Gregotti-Meneghetti-Stoppino. El edificio ESPAR
y, sobre todo, las viviendas en la calle Doctor Carulla también presentan
mimetismos como en la exageración de la cornisa a la manera de Ridolfi,
los elementos de piedra artificial blanca en antepechos y cubrepersianas,
los huecos rómbicos, etc., remiten de nuevo a Le Zattere o a las
viviendas de la Bossi en Cameri del grupo de Gregotti. En
otra serie de obras de este equipo, como el grupo Angel Sallent, Doctor
Moragas o la Casa Montaña; así como en aquellas de la mayoría de los jóvenes
de aquella imposible “Escuela de Barcelona” -que en 1969 Oriol Bohigas
trata de institucionalizar-, se recoge la influencia de la arquitectura
italiana, fruto también de su aprendizaje en los estudios de Correa-Milá,
Coderch o el grupo M.B.M. Efectivamente, el fraccionamiento de los volúmenes,
la importancia de la coronación del edificio que asume las tensiones
volumétricas de aquel, la atención a los procesos constructivos y su
expresión directa en tecnologías artesanales y materiales tradicionales,
la masicidad, la relevancia del diseño y el detalle pequeño, y la
incorporación de los valores de la historia, la autobiografía y la
memoria, son características comunes a las obras del Neoliberty y de la
Escuela de Barcelona. Una
evidente afinidad cultural, la existencia de problemas comunes como la
reconstrucción, la respuesta a las corrientes del pensamiento europeo
posbélico, la construcción del vacío urbano, las preexistencias
ambientales, el reencuentro con la historia y la creciente atención por
la arquitectura italiana demuestran la existencia de una influencia de la
cultura italiana sobre la arquitectura catalana en este periodo. Los fenómenos arquitectónicos, como todos los fenómenos humanos, culturales y sociales, son sumamente complejos, especialmente si están abiertos a implicaciones ideológicas e interdisciplinares -como es el fenómeno del realismo, con la fundamental influencia de la crítica literaria en Catalunya. Ante tal complejidad, tan solo cabe explicar pacientemente, obra por obra, las interrelaciones, analogías y concomitancias entre los distintos factores en juego. Este ha sido el propósito de este trabajo: tratar de aclarar e interpretar dos historias paralelas que en unos años precisos han encontrado una serie de puntos de convergencia. |
1. Vivienda P. Elías. J.M.
Sostres
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